El perdón: el puente a tu libertad

“Aferrarse a la ira es como agarrar un carbón caliente con la intención de arrojárselo a otro, mientras uno es el que se quema”

Buddha


Todos, en algún momento de la vida, hemos herido a otras personas, quizás familiares, amigos y nuestra pareja. A veces, también hemos sigo heridos por gente que ni conocemos.


Muchas veces, en el intento por resarcir los daños terminamos más lastimados, o bien, acabamos más frustrados porque “el que me hirió” no quiso reconocer que nos hizo sentir mal, o no hizo nada para componer las cosas.


Esto nos trae frustración, coraje, enojo y llegamos a socavar nuestra tranquilidad y felicidad ya que nuestro “ego” ha sido lastimado.




A la larga, estos sentimientos causan efectos en nuestro bienestar físico, energético y psicológico, imposibilitando que volvamos a confiar, a comunicar, a expresarnos libremente e inclusive a amar.


¿Cuántas veces hemos escuchado el clásico “perdono pero no olvido”? Seguramente muchas, y quizás hasta nosotros mismos lo hemos dicho.


Entonces, si no olvido… ¿sí perdoné?




¿Qué sí es y qué no es el perdón?


El perdón es una elección y un proceso, quizás no tan sencillo como aparentan las doctrinas filosóficas, pues requiere un ejercicio de concientización de las emociones, de asumirnos vulnerables ante el dolor y las decepciones, pero sin duda, si queremos realmente ser “libres” de esas emociones, tenemos que perdonar.


  • Perdonar no significa olvidar la forma en que nos hirieron.

  • No significa reconciliarse o relacionarse con la persona que nos lastimó.

  • Perdonar no es aprobar su ofensa o asumir la responsabilidad del otro.

  • Tampoco significa ser débil o sumiso.

  • El perdón no es algo rápido o instantáneo.

Así que desecha todo lo que hayas escuchado o aprendido anteriormente sobre el perdón. La verdad, es que este proceso requiere de mucho coraje, quitándole conscientemente al otro la responsabilidad de mi bienestar emocional. Eso es el perdón.




El perdón es un cambio de actitud hacia esa herida original de manera que no nos siga lastimando.


El perdón “sano” también nos permite poner límites necesarios para protegernos de volver a pasar algún daño por parte de otras personas. Así que el perdón no es solamente cambiar mi percepción sino resolver que la transgresión no vuelva a suceder.


Algo muy importante es ser conscientes de que el perdón no es una obligación ni un deber, es una elección propia para acabar con el propio sufrimiento.

Perdonar es un proceso profundo del corazón que puede llevar tiempo y puede ser difícil, cuando se trata de perdonar a personas muy queridas o a nosotros mismos.


El perdón es un gran regalo que nos lleva de regreso a nuestro corazón mirando lo que más importa, el amor y la vida. Por ello el perdón es un grandioso puente hacia tu libertad emocional, mismo que merece ser cruzado despacio y consciente para permitirnos tomar nuestra responsabilidad de sabernos capaces de liberar los sentimientos que nos dañan.




Algunos pasos para perdonar


1. Reconocer el daño. Me decía mi psicóloga que perdonar no significa que obvies el daño, hay que reconocer que hubo uno. Sobre todo, reconocer ¿qué efecto tuvo en mí? ¿Me sentí herido, menospreciado, desplazado, agredido, agraviado?

Muchas veces reconocemos el dolor, pero no la causa. Frecuentemente decimos: “odio tal cosa”, “de mi nadie se burla”, “no me van a ver la cara de pendeja”, “me caga”. Esto pasa porque interpretamos el dolor, pero no hemos indagado en encontrar la causa del mismo.


2. Identifica tus emociones. Una vez sabes qué fue lo que te hirió por primera vez, ahora se necesita identificar lo que has sentido, puede ser principalmente miedo, culpa o vergüenza e ira.


3. Expresa tu emoción hallada. Ya que detectaste cual es, puedes hacer ejercicios con un terapeuta o bien, canalizar esa energía contenida en un espacio seguro. La idea es que fluya, siente tu dolor y evita acumularlo. Es una forma de mover la energía para que ésta salga: