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Al rescate de mi niñx interior




Los primeros trazos de color se aplican durante nuestra infancia. Esos años iniciales son más que fundamentales: son genuinamente sagrados. Son el momento en que se cincelan nuestra personalidad, carácter y temperamento. Es entonces cuando se establecen nuestras formas de vinculación, nuestras creencias más arraigadas y la manera en que, consciente o inconscientemente, expresamos nuestros estados emocionales.

 

EL ORIGEN DEL CONCEPTO DEL NIÑO INTERIOR

Desde esta comprensión nace el concepto del niño interior, una noción que ha cobrado importancia en el mundo del desarrollo personal y que ha sido abrazada por autores y terapeutas por igual. En esta entrada de blog, deseo llevarte en un viaje introspectivo para descubrir cómo este niño interior sigue jugando un papel crucial en tu adultez.

 




¿PERO QUÉ ES EL NIÑO INTERIOR?

El niño interior es una metáfora que alberga la esencia más genuina y auténtica de nuestro ser. Es la memoria viva de nuestras primeras experiencias. Carl Jung, el renombrado psiquiatra suizo, fue uno de los primeros en hablar de esta “divinidad infantil”, refiriéndose a ella como un aspecto fundamental de nuestra psique inconsciente.

 

A través de las memorias de ese niño, vemos el mundo con una mirada que se va tiñendo con los colores de la experiencia. Este niño interior se revela en momentos de alegría pura, cuando nos conectamos con nuestras pasiones, cuando reímos sin reservas o cuando nos permitimos simplemente “ser”, libres de juicios y restricciones. Pero también, y quizás más importante, se hace presente en nuestras heridas, en aquel “eco” que resuena cuando el niño interior está lastimado.

 





LA INFLUENCIA DEL NIÑO INTERIOR EN LA ADULTEZ

Las heridas del niño interior son huellas emocionales que, si no se atienden, pueden manifestarse de diferentes formas en la vida adulta. Por ejemplo:

  • Miedos e inseguridades

  • Estrés, no poder relajarse

  • Falta de confianza, flexibilidad y autoestima

  • Sensación de desmerecimiento o culpabilidad

  • Dificultad para expresar las emociones

  • Falta de límites saludables

  • No poder delegar responsabilidades 

  • Patrones de comportamiento autodestructivos

  • Traicionarse a uno mismo

  • Creer que la pareja viene a salvarnos o arreglarnos

  • Aislamiento y sentimientos de soledad

 

Estos síntomas son invitaciones a mirar hacia adentro y reconocer las necesidades emocionales insatisfechas de nuestra infancia.

 




¡SANANDO A TU NIÑO INTERIOR!

Sanar estas heridas es una aventura que no promete ser breve, pero sí profundamente transformadora. Se trata de embarcarnos en una travesía al corazón de nuestra historia personal, validando y honrando las experiencias que vivimos. Este proceso de sanación implica 4 pasos fundamentales: reconocer la herida, permitir que el niño exprese su dolor, identificar las necesidades no cubiertas y, finalmente, ofrecernos a nosotros mismos el amor y la protección que necesitábamos.

 

Existen llaves que abren las puertas al mundo del niño interior: la música, el arte, la escritura, el juego y el contacto con la naturaleza son solo algunas de ellas. Estas actividades nos invitan a escuchar la voz de ese niño interior que clama atención y cuidado.

Validar y aceptar todas nuestras emociones, incluso aquellas que nos incomodan, es esencial para liberar el peso emocional que hemos cargado por tanto tiempo.

 

Reconectar con nuestro niño interior es un acto de amor propio y autenticidad. Es comprometernos a tratarnos con amabilidad y compasión, asegurando que ese niño se sienta seguro y valorado dentro de nuestro ser adulto.


Recuerda que dentro de ti hay un niño lleno de magia, esperando ser abrazado y reconocido. Ama a ese niño, ámate a ti mismo, y juntos, redescubran el mundo con ojos renovados.


Anímate a agendar una sanación Sesión Integrativa y sana desde la causa: www.mikearyan.com/sesiones

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