Los primeros cien
- hace 2 días
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Una carta de gratitud para quienes sembraron las raíces de esta escuela.
El día de ayer, mientras estaba en clase de natación, me cayó un veinte al que no le había puesto la suficiente atención.
El Diplomado de Tarot Terapéutico ya ha acompañado a los primeros cien estudiantes de esta escuela.
Doce generaciones.
Seis años de encuentros semanales y de fin de semana.
Cientos de horas de contenido, preguntas, silencios y descubrimientos.
Pero quiero precisar algo: no son cien clientes ni cien "matrículas."
Son cien historias.
Y cada una con su propia forma de mirar lo simbólico.

Algunas de esas historias se quedaron hasta el final y se certificaron.
Otras encontraron su camino antes de terminar.
Hay quienes hoy ya leen Tarot profesionalmente.
Hay quienes lo integraron a su consulta terapéutica.
Hay quienes lo incorporaron solamente como una forma de comprender la existencia.
También están los que se rindieron a mitad del camino.
Los que desertaron porque la vida se puso difícil.
Y los que descubrieron que el Tarot no era lo que esperaban.
Y sí, también están los que repitieron el diplomado por puro gusto.
Están los que llegaron recomendados por sus familias... y con el tiempo, dos y tres generaciones de un mismo sistema estaban sentadas en la mesa del Mago.

También han estado aquellos quienes rara vez encendían su cámara.
Los tímidos. Y los que cursaban en diferido.
Los que hablaban poquito, pero entregaban sus tareas con cuidado... pues el Tarot también es un lugar donde pueden habitar las presencias discretas.
Y también, quienes han querido emular mi método o clonado diapositivas íntegras en sus propios cursos... por alguna razón, siempre termino enterándome.
Pero también sé que esas cosas forman parte del paisaje cuando algo empieza a echar raíces.
La verdad, uno no se imagina esas cosas cuando empiezas.
Pero todo cuenta. Todo.
Sostener grupos tan diversos durante estos años ha sido, por momentos, profundamente desafiante, pues el Tarot suele convocar a personas muy diferentes.
Y con gusto, comparto que por esta escuela han pasado:
psicólogos, médicos, dentistas, biólogos, terapeutas, médiums, reikistas, pedagogos, abogados, optometristas, enfermeras, docentes, angeloterapeutas, coaches de vida, empresarios, músicos, bailarines, yoguis y profesores de tantra, mercadólogos, consteladores, universitarias, amas de casa, jubiladas, tarotistas curiosos pero sobre todo: buscadores del misterio.
Sí... gente de ciencia dura.
Gente de intuición sensible.
Gente en medio de ambos mundos.

Y algo curioso ocurre cuando nos sentamos frente al mazo: el símbolo siempre encuentra una forma de hablarle a cada quien, porque nunca hay dos lecturas iguales.
Estas primeras doce generaciones también han tenido una geografía particular.
La Ciudad de México ha sido el corazón, por supuesto.
Pero también ha estado:
San Luis Potosí, Aguascalientes y Zacatecas.
Querétaro, Coahuila y Chihuahua.
Puebla, Tlaxcala y Chiapas.
Toluca y Malinalco.
Cancún y Playa del Carmen... entre otros rincones de mi país.
Y han aparecido otras tierras lejanas que me confiaron su proceso de enseñanza:
Colombia, Perú, Argentina, El Salvador, España, Estados Unidos y Australia.
Cada país con su acento, su historia y su forma de acercarse al Tarot.

Hay algo que quiero decir con toda honestidad: cada grupo también ha sido una escuela para mí.
No hay fecha en donde los alumnos no le enseñen al maestro: me comprometen a explicar mejor.
A escuchar más y comprender preguntas difíciles. A investigar lo que no sé y a sostener procesos dentro de un espacio pedagógico.
Y quizá así es como nacen las verdaderas escuelas: cuando el aprendizaje empieza a circular de ida y vuelta.
Ahora me encuentro en un umbral curioso.
Próximamente se abrirá la puerta a la Generación 13.
Los tarotistas sabemos que el Arcano XIII no habla de tragedias: habla de transformación.
Y en efecto, esta nueva etapa trae cambios importantes.
La escuela entrará en un nuevo momento pedagógico, con ajustes temáticos y por primera vez, con clases asincrónicas que acompañarán el proceso formativo.
Esta transformación también es personal.
Viene mi primer retiro "Soltar sin romperme" en abril y la publicación de mi primer libro de ficciones autobiográficas: "Cartografía emocional de memorias, cicatrices y espejismos", también ya en estos meses.
Y junto con ello, ya toman forma proyectos que llevaban tiempo gestándose en silencio —como la Papisa—: una formación integral en Transgeneracional para Tarotistas y un espacio nuevo de profesionalización para quienes ya leen Tarot de ésta y de otras escuelas.

Si algo he aprendido es que el Tarot no forma adivinos: forma miradas más conscientes sobre la vida.
Miradas capaces de escuchar el símbolo sin imponer narrativas.
Miradas que acompañan procesos humanos con respeto.
Y eso, en estos tiempos de tanta violencia, ya es bastante.
Quiero cerrar esta carta con una palabra, para quienes han sido parte de estas primeras doce generaciones: gracias.
Gracias por confiar en este proyecto cuando todavía estaba naciendo.
Gracias por sus preguntas, su curiosidad y su valentía emocional.
Gracias por cada gesto de amistad que surgió alrededor del Tarot (o de un desayuno).

Si hoy esta escuela tiene raíces, es porque ustedes pusieron las primeras cien sillas alrededor de la mesa.
Mike Aryan®
Marzo 2026
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Gracias a ti Mike por ser la luz que mi ermitaño buscaba en ese momento de búsqueda e introspección, no solo me enseñaste simbología del Tarot, me enseñaste que la ciencia y lo intangible pueden bailar a un mismo ritmo, que la vida no es solo lo que podemos ver, sino aquello que dejamos de sentir por el ritmo acelerado en el que nos hemos enrollado. Gracias por crear un espacio en el que coincidimos aquellos que ya no cabíamos en una sola etiqueta.