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La segunda espiritualidad: dejar de creer para aprender a vivir

  • hace 11 minutos
  • 9 min de lectura

"Ya no sé en qué creer."


Esta es una de esas frases que a menudo escucho en mis sesiones y consultas de Tarot, dicha de mil maneras distintas pero siempre con el mismo dolor de fondo. 

Lo he visto en personas que hicieron rituales, que tomaron cursos, que se certificaron en técnicas, que leyeron todo lo que había que leer y transitaron todos los caminos espirituales que te puedas imaginar. Personas que —como yo— un día creímos a los ojos cerrados y que en algún momento asociamos la palabra "espiritualidad" con "crisis".


Hoy quiero platicarte de esto ya que es un fenómeno que ocurre demasiado. 


Mujer sentada ante una carta de Tarot en un espacio espiritual, en actitud de introspección y cuestionamiento.
A veces la crisis comienza con una pregunta sencilla y profundamente incómoda: ¿qué pasa cuando aquello que me sostenía deja de hacerlo?

El momento en que el cielo deja de resolver la vida

Hace poco arrancó uno de los talleres que abrí este año. En la primera sesión, mientras hacíamos un ejercicio, una de las participantes compartió algo que se quedó resonando en mí en estos días.


Ella venía de una formación constante en ángeles y temáticas similares. Había estudiado, se había entusiasmado, había creído. Y en algún momento, pareciera que todo eso dejó de funcionarle.

Nos compartió que fue más bien un desgaste de ese sistema de creencias que prometía mucho y que, cuando la vida real golpeó con sus duelos, sus problemas y cuentas por pagar, esa espiritualidad no tuvo mucho que ofrecerle.


Cuando expliqué el origen del nuevo curso, como algo que en mí había procesado y madurado también, pareciera que algo en ella se destensó. Y en sus palabras, mencionó algo así como "dejar de creer tanto en el aire y empezar a aterrizarlo en lo cotidiano."

Y ahí entendí, otra vez, que ella no es un caso aislado: es un síntoma de algo mucho más grande.



Mi propia noche oscura del alma

Voy a contarte algo que no suelo compartir mucho, pero que le da peso real a todo esto.


Hace años que estuve muy enfocado a estudiar y certificarme en muchas técnicas de sanación, llegué a aprender y a colaborar directamente con algunos de mis maestros, inclusive, de una de ellas formé parte de su equipo de terapeutas. Y durante un tiempo funcionó.


Pero su modelo cambió. Creció, se hizo más mediático… y en ese crecimiento, el lenguaje espiritual se volvió también en algo más frío, casi algorítmico, donde empezó a implantarse la idea textual de que: "si dejas de sanar, tus ángeles dejarán de invertir en ti."

Y en ese momento no me lo cuestioné, lo tomé como una certeza. Pasó poco tiempo para que me diera cuenta que esa idea de espiritualidad ya no era acompañamiento, sino condicionamiento.


Varios de los que colaborábamos con esta persona nos quedamos sin la protección y guía de lo que hasta entonces sentíamos como una especie de madre simbólica. Y “destetarnos” fue un caos. 

Dudé de las herramientas, dudé del lenguaje, dudé, honestamente, de la existencia del mundo espiritual y si realmente había algo de sentido y propósito detrás… o solamente eran invenciones románticas mías. 


Elementos de distintas prácticas New Age reunidos sobre una mesa: cuarzos, Reiki, velas, oráculos, radiestesia y figuras espirituales.
Muchas de estas herramientas pueden acompañar genuinamente una vida. La pregunta comienza cuando les pedimos que vivan la vida por nosotros.

Pasaron varios meses, y no lo resolví con más cursos: justamente lo resolví dejando de buscar la perfección espiritual y la mentada cursitis. Empecé a dejar que mis conocimientos se“asentaran en mi cabeza y en mi práctica, y empecé a confiar un poquito más en mí. Y fui armando, pieza por pieza, sesión con sesión, algo que ya no dependía de un solo maestro ni de una sola promesa.


Pero lo interesante no se quedó ahí. Empecé a ver el mismo patrón en otras personas: exalumnos, excolaboradores y amigos de aquella misma escuela que, años después, llegaban a sesión conmigo cargando exactamente la misma pregunta que yo alguna vez me hice: ¿y ahora qué era real de todo lo que aprendí?

Y la crisis espiritual dejó de ser solamente mi historia. Se convirtió en algo que se estaba repitiendo, una y otra vez, en distintas personas y distintas historias.



No es nuevo, aunque se sienta como una novedad

Cuando empecé a nombrar esto, me di cuenta de que no estaba descubriendo el hilo negro, solo le estaba poniendo un lenguaje contemporáneo a algo que la humanidad lleva siglos atravesando.


San Juan de la Cruz le llamó la “noche oscura del alma” a ese proceso doloroso de purificación espiritual en el que el alma se despoja de sus apegos terrenales para lograr la unión íntima con lo divino.

Siddharta Gautama, el Buda histórico, pasó años y años probando maestros y prácticas que no lo llevaron a la liberación que buscaba.

Y el mismísimo Maestro Jesús lo expresó en el Calvario: “Dios mío, Dios mío… ¿por qué me has abandonado?”


San Juan de la Cruz representado en oración ante un crucifijo en un espacio monástico iluminado por velas.
Mucho antes de que habláramos de “crisis espiritual”, las tradiciones místicas ya conocían el desconcierto de atravesar el silencio de aquello que antes parecía responder.

Ninguna tradición espiritual seria se salva de este tránsito. Una crisis espiritual no es el fracaso de la espiritualidad en sí. Muchas veces, es el fracaso de un modelo particular de vivir la espiritualidad, uno que ya ha cumplido su función y que se volvió demasiado pequeño para la vida que estás viviendo.


Lo que cambia, generación tras generación, es el envoltorio. Me pongo a pensar en el buscador espiritual de todas las décadas, como si fuera un ejercicio antropológico:

  • En los años setenta, se buscaba a través de la expedición interior, con maestros orientales y psicodelia de por medio.

  • En los ochentas y noventas, esa búsqueda se domesticó en libros de metafísica, casetes y videos caseros.

  • En los dosmiles llegó el boom terapéutico: reiki, el “Secreto”, constelaciones y sanación emocional en cada esquina.

  • Y hace tan solo una década, esa misma búsqueda se volvió digital: frases bonitas, cuántica de bolsillo, coaches, manifestación instantánea a través de redes sociales.


Si te das cuenta, el envoltorio cambia… pero la pregunta de fondo, no:

¿cómo sostengo mi vida cuando ya no me alcanza lo que creía?



La espiritualidad que promete demasiado

Aquí quiero ser cuidadoso, porque no quiero satanizar a nadie ni de subirme al discurso de “todo lo que es New Age es falso”. No lo creo, y honestamente, sería injusto, pues la espiritualidad más luminosa que conozco es aquella que vino en lenguaje de ángeles y chakras y que le devolvió sentido a muchísima gente que las religiones tradicionales ya no lograban sostener.


El problema no es creer en ángeles, en el tarot o en la energía. El problema aparece cuando esa creencia se usa para evitar la vida en lugar de habitarla. Como cuando alguien dice 'todo es energía' para no enfrentar una conversación difícil o revisar un patrón, o 'suelta y confía' como un mantra para no reconocer que está atrapado en un vínculo que le duele.


Y casi siempre, es donde la vida cobra la cuenta. Te divorcias, pierdes el trabajo que creías seguro, fallece alguien. Y descubres que repetir un decreto no evita el duelo, que "vibrar alto" no paga la renta, y que ningún arcángel va a venir a tomar la decisión que solo tú puedes tomar.


Eso tiene un nombre desde la psicología transpersonal: el spiritual bypassing” o la evasión espiritual. El psicólogo John Welwood lo utilizó para describir esas ocasiones en las que usamos una idea espiritual para no tocar aquello que emocionalmente todavía necesitamos mirar.


Si te das cuenta, no es que se rechace lo espiritual. Se rechaza la ingenuidad.

Y esa distinción, para mí, cambia toda la narrativa de la crisis.


Dos manos protegen una pequeña vela encendida en la oscuridad como símbolo de duelo, despedida y esperanza.
También hacemos duelo por las creencias, las comunidades y las versiones de nosotros mismos que alguna vez nos dieron sentido.

La espiritualidad también pasa por el duelo

Desde la mirada tanatológica sabemos que un duelo no aparece únicamente cuando muere una persona. También vivimos el duelo cuando perdemos una identidad, una comunidad, una forma de entender el mundo o aquello que durante años nos dio seguridad y sentido. Y eso también sucede con la espiritualidad.


Cuando un sistema de creencias deja de sostenerte, no estás dejando solamente ciertos rituales, maestros o explicaciones. También pierdes amistades, pertenencia, certezas, una manera de titular lo que te pasa e incluso esa seguridad interna de que había algo allá arriba cuidándote. Por eso, una crisis espiritual puede desorientar tanto.


Y como ocurre en muchos procesos de duelo, empiezas a preguntarte si todavía crees en los ángeles, en la energía, en el tarot o en aquello que antes te acompañaba. Creo que también el apresurarnos a reemplazar una creencia por otra, puede ser una forma de evitar el duelo.


Ciertamente, necesitamos quedarnos un rato en esa emoción incómoda, pues también se hace duelo por una versión de nosotros mismos. Y quizá después de despedirla, podemos empezar a preguntarnos: ¿qué espiritualidad quiero construir ahora?



La segunda espiritualidad: de la protección a la transformación

Con los años empecé a notar una secuencia bastante clara en las personas que se reencuentran con esto que yo llamo la "segunda espiritualidad."


La primera espiritualidad es aquella que casi todos heredamos o con la que empezamos, y suele buscar protección. Es esa espiritualidad que busca certezas, quiere respuestas rápidas o que algo o alguien externo resuelva lo que a uno le da miedo enfrentar. 

No pienso que sea mala o inferior. Esta primera espiritualidad también cumple una función psíquica en nuestro desarrollo: nos contiene, nos da lenguaje, sentido y sobre todo, nos ayuda a sentirnos acompañados.

A veces necesitamos pedirle a San Miguel Arcángel que nos proteja antes de ser capaces de entender que poner un límite también puede ser una experiencia arcangelical.


Persona meditando mientras unas alas de luz evocan simbólicamente al Arcángel Miguel como una cualidad interior de protección.
Quizá llega un momento en que ya no necesitamos que Miguel baje del cielo: empezamos a reconocerlo cuando aprendemos a protegernos, cuidarnos y poner límites.

Y luego viene la segunda espiritualidad. Es aquella que busca transformación y que pregunta: ¿quién estoy aprendiendo a ser?y normalmente, tolera muy bien las preguntas abiertas en lugar de exigir respuestas inmediatas.

Esta espiritualidad ya no necesita que baje el arcángel Miguel… le basta con que Miguel aparezca como cualidad cuando por fin te cuidas y proteges a ti mismo.


Cuando investigué para este artículo, me di cuenta que ya existe un término similar acuñado por el filósofo francés Paul Ricœur. Él lo llama “the second naivety”, entendida como la posibilidad de regresar a lo simbólico, al mito y a la fe después de haber pasado por la crítica. Es decir, ya no crees como antes, literalmente y sin cuestionamiento, pero tampoco necesitas destruir aquello en lo que creías.


De hecho, eso fue lo que intenté relatar en mi libro Cartografía Emocional de Memorias, Cicatrices y Espejismos. En el relato “El silencio de los ángeles”, el protagonista busca ayuda puntual y recibe un portazo en la cara con olor a incienso caro. Al final, el protagonista entiende que lo espiritual vive encarnado en lo cotidiano cuando recibe de una amiga, la dignidad de las cosas simples y reales. 


Eso es, quizá, la definición más honesta que tengo de la segunda espiritualidad: es aquella que no te saca del mundo, sino que te enseña a sostenerte dentro de él.



Tres preguntas para saber en qué momento estás

Si algo de esto te está resonando, te dejo aquí tres preguntas que te pueden ayudar a ubicar en qué momento del camino estás parado.


  1. ¿Le estoy pidiendo a esto que me resuelva la vida, o que me acompañe a vivirla?

    No hay respuestas correctas, solo respuestas honestas. Si lo que buscas es que algo externo tome la decisión por ti, sigue viva tu primera espiritualidad, y está bien: todos empezamos ahí.


  2. Cuando esto que creo "no funciona", ¿me enoja la vida, o me enoja el símbolo?

    A veces confundimos el enojo legítimo con un modelo que prometió de más, con el enojo hacia la espiritualidad en general. Y ahí es donde muchos terminan tirando todo.


  3. Si hoy dejara de esperar una respuesta del cielo, ¿qué decisión concreta tendría que tomar yo?

    Esta es la que más te va a incomodar, porque casi siempre ya sabes la respuesta. Solo esperabas que un mensaje o un mantra te diera permiso para tomarla.


Déjalas resonar tantito. No tienes que responderlas ahora. 



Lo que sí puede acompañarte en esa transición

Si tú estás en esa etapa… dudando de lo que antes te sostenía, sin ganas de volver a lo que ya no te sirve, pero tampoco queriendo cerrarte al misterio, quiero decirte algo con todo mi corazón: no estás en crisis, estás en un tránsito. Y ese tránsito, que normalmente abraza el duelo, necesita compañía y método, no solamente inspiración y decretos.


Si estás en ese tránsito —dudando, cuestionando, sin ganas de regresar a lo que ya no te sostiene— no necesitas atravesarlo solo. Un duelo así se acompaña, no se resuelve con otro decreto. Y si sientes que es un buen momento para construir tu propia segunda espiritualidad, asómate a conocer las actividades que tengo abiertas este año. Escríbeme o revisa las fechas disponibles en mikearyan.com.


Y antes de despedirme, quiero dejarte una semilla. 

Si la primera espiritualidad busca protección, y la segunda busca transformación… ¿qué buscará la tercera espiritualidad?

Creo que ya no se trata de resolver tu propia noche oscura una y otra vez, sino de volverte, con el tiempo, un poco de luz para quien esté atravesando la suya. El budismo tiene una palabra hermosa para esto, pero eso ya es materia para otro articulo. 


Quédate con esto:

La búsqueda espiritual probablemente nunca termine… pero puede, por fin, comenzar a ser tuya.


Te abrazo,

Mike


Texto de autoría propia. Todos los derechos reservados ® Mike Aryan

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