El origen real del Tarot


¿Es el Tarot una obra de una hermandad de sabios provenientes de las tres religiones abrahamicas? ¿Es un capricho personal de la familia Visconti? ¿Es la fusión de juegos árabes con la imaginería filosófica del Renacimiento? ¿Es genuinamente un manual iniciático de la alquimia, la francmasonería y el rosacrucismo del siglo XVII?


La realidad es que no hay una verdad histórica definitiva, sino más bien un conjunto de elementos que permiten comprender que las dimensiones filosóficas del Tarot existen desde su origen y que continúan enriqueciéndose con el paso del tiempo.



EL ORIGEN SINCRONIZÁNDOSE (78)

Cuando empecé a dar mis Diplomados, me basé mucho en la Lógica Global Convergente; un desarrollo de auto-referencia basado en la teoría del desdoblamiento del tiempo de Jean-Pierre Garnier Malet. De ahí el nombre de “Tarot Cuántico”.


Desde este desarrollo, los potenciales numéricos de las letras de la palabra TAROT, como su número de cartas (curiosamente o casualmente) es 78.


Este 78 puede traducirse como “el Origen sincronizándose“ o “La Fuente Primaria en autoobservación“… un Origen presente en todos los planos de la existencia.


Creo que esto nos dice que de alguna forma, nosotros somos esa Fuente aprendiendo a auto-observarse.


Hace sentido que no exista un “Tarot fundamental” sino más bien, un Tarot constituido por elementos simbólicos de diferentes culturas, contextos y percepciones.


¡Es un maravilloso juego en constante actualización!



LOS JUEGOS-RITUALES

Hay una rama de la antropología que se sostiene que los juegos de azar tienen un origen simbólico, adivinatorio y cosmográfico. Los dados y los juegos de pelota se han desarrollado ancestralmente como un ritual y como un entretenimiento a la vez, por lo que pudiéramos decir que son juegos-rituales.

Sin duda, el Tarot es un juego-ritual.


Estos juegos-rituales son las formas más antiguas de vida religiosa de las que se tenga una huella histórica, y coincide en cierta medida con lo que también se ha descubierto en el campo de la zoología: los animales tienen juegos-rituales. Por supuesto que en el hombre, estos juegos están mucho más desarrollados.


El inconsciente arcaico nos habla. Somos seres de símbolos y de rituales.





Me agradan estas aproximaciones del Tarot, pues no caen solamente en un sentido ocultista o esotérico (en el tradicional mito de “echar la suerte”) sino más bien, integran al Tarot como la representación codificada de una Sabiduría fundamental.


Esto me lleva a pensar en el Tarot como una de las numerosas vías del Alma que nos animan a practicar la integración de lo divino en la vida cotidiana. Y por ello le tengo tanto cariño y respeto: nos regala el Viaje del Héroe para espiritualizar la materia y materializar el espíritu.



EL TAROT AL SERVICIO DEL ESPÍRITU

Pienso que una espiritualidad que no está al servicio de la Vida, es una espiritualidad estéril, hueca y vacía… ese tipo de espiritualidad que se sabe disfrazar muy bien detrás de sotanas, dogmas, “buenas vibras” u oraciones inertes que no conectan con el mundo real.


Personalmente, me gusta estudiar y enseñar Tarot desde una mirada transpersonal, donde podamos peregrinar en la comprensión de nuestro Ser desde las posibles causas sistémicas, ancestrales, psicológicas, emocionales y álmicas… con el objetivo de crear, fecundar, consolidar, expandir y heredar futuros potenciales en beneficio del ser y de toda la humanidad.


Esa es mi visión del Tarot Cuántico Profesional.






En esta última foto, El Loco y El Mundo de mi primer Tarot de Marsella. Tiene por lo menos 15 años de uso. Gracias a este mazo empecé a “ver” líneas transgeneracionales en las lecturas, mismas que me motivaron a estudiar Constelaciones Familiares.


He tomado algunas líneas del libro “El Tarot paso a paso” de Marianne Costa y las he adaptado para expresar y complementar mi punto de vista.

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