top of page

Our Recent Posts

Tags

El permiso de cambiar

  • 7 ene
  • 2 Min. de lectura

Encontré estos materiales casi por accidente. No los estaba buscando.


Fue en medio de la limpieza de fin de año (ya sabes, de esas que no solo mueven objetos, sino recuerdos) cuando abrí una cajota negra de plástico donde guardo cosas que ya no uso, pero tampoco me atrevo a tirar del todo.


Materiales antiguos de Reiki utilizados en la formación y práctica terapéutica de Mike Aryan.
Materiales de una etapa anterior. No lo veo con nostalgia, sino como memoria viva de un camino que fue necesario.

Y ahí estaban. Pósters, guías y esquemas.

Materiales de otra etapa de mi vida como terapeuta holístico.


Los tomé entre mis manos y no sentí tristeza. La verdad, fue algo mucho más amable: sentí gusto.

Gusto por reconocerme ahí.


Por recordar al Mike de veintitantos, cuando el Reiki era una de mis primeras fascinaciones del mundo místico.

Al Mike de veintinueve, trabajando en una agencia de publicidad y dando sesiones de Reiki y Tarot los fines de semana.

Y al Mike de treinta y algo, cuando aún necesitaba estructura y encuadre, y cuando entendí que las manos también podían ser —además de energía— contenedoras de ética y de límites amorosos. 


Primera etapa de Mike Aryan impartiendo clases de Reiki en formación grupal, alrededor del año 2018.
Una de mis primeras clases oficiales de Reiki. Ahí aprendí que, además de energía, las manos también sostienen ética y límites amorosos.

Esos años fueron fundacionales, sin duda.

El Reiki fue, durante muchos años, un caballito de batalla.


Me dio presencia, respeto por el cuerpo y por el tiempo del otro.

Me ayudó a organizar mi mente y a gestar un espacio interno para que el Tarot encontrara un lugar más claro —y menos ansioso— desde donde expresarse.


Hoy ya no trabajo desde ese marco. Y decirlo no me avergüenza, pues ya cumplió su función.

Caí en la cuenta de que llevaba años guardando estos pósters con una consigna silenciosa que decía: “por si algún día lo vuelvo a enseñar”.


Pero ahí entendí algo importante: hay cosas que no se guardan por necesidad, sino por temor.

Temor por soltar el pasado. 

Temor por cambiar de enfoques.

Temor por aceptar que una etapa que ya no es vigente no pierde, por eso, su veracidad.


Así que tomé una decisión sencilla: guardar un solo una copia de cada póster.

Solo una. Como archivo y como memoria.


Porque honrar el pasado no implica quedarse a vivir en él.

Y porque agradecer no exige repetir, y evolucionar no traiciona lo que fuiste.


Mike Aryan sosteniendo material didáctico de Reiki de una etapa anterior de su trayectoria profesional.
Reconocer quién fui no me ata: me ordena. Madurar también puede hacerse con ternura.

Hoy te comparto estos viejos materiales con gusto… porque sé que sin ese Mike de entonces, este Mike del presente no existiría.


Si este texto resonó contigo, te leo en los comentarios. A veces nombrar lo que hemos cambiado es el primer acto de honestidad con el presente.


Texto de autoría propia. Todos los derechos reservados ® Mike Aryan

1 comentario

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Invitado
08 ene
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Un articulo muy honesto, cariñoso y respetuoso. Gracias Mike

Me gusta
bottom of page